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martes, 19 de febrero de 2019

Fomentando la resiliencia en el contexto familiar

Ser una persona resiliente es, en muchas ocasiones, sinónimo de fortaleza. La resiliencia nos prepara para enfrentar con seguridad las pequeñas o grandes dificultades que la vida nos depara.
Presentamos a continuación 10 ideas básicas para familias interesadas en fomentar la resiliencia de sus hijos desde la infancia.
Todas ellas nos dirigen a aprovechar las pequeñas adversidades cotidianas del niño para educar. Un cambio de perspectiva que puede ayudarnos a hacer niños más resilientes, mejorando sus habilidades de afrontamiento y facilitando así un desarrollo psicológico más saludable.

Estas son algunas cosas que pueden hacer padres y cuidadores para promover la resiliencia infantil 

  1. Facilita un contexto seguro para el niño, fomentando un sentimiento de confianza básica en su entorno más cercano. En la realización de actividades, balancear la autonomía del niño con su seguridad en función del momento y sus avances personales.
  2. Favorece la exposición limitada del niño a diferentes sensaciones (seguridad, tranquilidad, ligera frustración…), algunas de las cuales son necesarias e inevitables antes de la satisfacción de sus necesidades, por él mismo o por sus cuidadores. Esto le ayudará a regular su frustración. Establecer límites y tolerancia a dicha frustración, como estrategia básica de fomento de la resiliencia del niño.
  3. Regula las consecuencias de su comportamiento dentro de una crianza respetuosa, (siendo rigurosos sin humillar ni dañar). Utilizando para ello refuerzos y castigos, así como la derivada consecuencia natural de su comportamiento. Dar explicaciones junto a las normas y los límites, regulándolas en calidad y cantidad en función de la edad.
  4. Modela comportamientos que le transmitan confianza y optimismo, actuando como ejemplo de afrontamiento de los adultos a situaciones fáciles y menos fáciles.
  5. Alaba sus logros y progresos, por su autocontrol, por su esfuerzo, por su dedicación… en la ejecución de una tarea de aprendizaje o lúdica.
  6. Aporta la mínima ayuda con la que pueda hacer cosas por sí mismo (a partir de 2 a 3 años).
  7. Supervisa el desarrollo de su temperamento o carácter para poder ir ecualizándolo, ajustándolo…
  8. Facilita la educación emocional y su regulación: Ayudarle a etiquetar sus sentimientos, reconocerlos, expresarlos e identificarlos en otros.
  9. Da apoyo, consuelo en situaciones de estrés y riesgo. Utilizar un lenguaje de calidad que le ayuden a enfrentarse a la adversidad: “Sé que puedes”, “estoy aquí contigo” …
  10. Prepara al niño anticipando situaciones desagradables o adversas de forma gradual, (a través de juegos, libros, contextualizaciones…). Esta estrategia es útil tanto en adversidades de la vida cotidiana como en grandes problemas.
Esperamos que nuestras recomendaciones sirvan de ayuda para padres y educadores. También que contribuyan a interpretar con otra mirada los pequeños o grandes inconvenientes a los que, de forma habitual, nos enfrentamos desde pequeños. Estos suponen muchas veces oportunidades naturales de crecimiento personal, y nuestra misión es aprovecharlos.

Mónica S. Reula.

1 comentario:

  1. Interesante artículo sobre una temática menos desarrollada y divulgada pero que puede ser de gran utilidad para nuestras familias . Gracias Astrapia por actualizarnos en la educación de nuestros hijos.

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