DUELO

¿Qué es el duelo en realidad?

El duelo es una respuesta natural y muy humana. Estamos diseñados para querer. Por eso, cuando perdemos a alguien a quien amamos, sentimos un gran y profundo dolor. 

No todas las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido necesitan asistir a terapia para aceptar esa pérdida. Muchos de nosotros tenemos las herramientas necesarias para atravesar por ese proceso. Otros necesitamos algo de ayuda para gestionar ese dolor. La terapia de duelo puede facilitar el difícil camino. La vida cambia, pero es posible aprender a vivir después de una pérdida importante. 

¿En qué consiste la atención psicológica a personas en duelo? 

Se trata de una intervención muy individualizada.  Las sesiones suponen un importante espacio de ventilación emocional para la persona que ha sufrido la pérdida.  Además de ofrecer ese soporte emocional, el terapeuta procura guiar al doliente en la comprensión del proceso y en la elaboración personal del duelo. Se facilita la adaptación a la nueva situación vital y el desarrollo de habilidades de afrontamiento.  

Si estás pasando por un proceso de duelo y crees que necesitas algo de ayuda, no dudes en contactarnos. Tus necesidades serán nuestra prioridad.

El principito enrojeció y después continuó: “si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que la mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “Mi flor está allí, en alguna parte… ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!” No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos. La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: “la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…”. No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!

El Principito. A. de Saint – Exupéry